Padres inteligentes

 

                                     “Educar las emociones, educar para la vida”

Amanda Céspedes, neurosiquiatra infantil y su nuevo libro: Los padres creen que son más débiles si escuchan a sus hijos, impulsa a los padres a cambiar los castigos por conversaciones. 

Por Magdalena Andrade N.

Hace un tiempo, saliendo de una estación del metro a la hora de mayor tránsito, la neurosiquiatra Amanda Céspedes se encontró en el camino con una joven mamá que no hacía más que gritarle a su hijo, un niñito de unos cuatro años sumido en un berrinche incontrolable. Entonces, no pudo evitar involucrarse:

– Fui muy dura con ella y le dije que no podía tratar así a su hijo. Ella se sentó en el suelo y me dijo, entre lágrimas: si usted supiera el nivel de estrés que tengo… Yo me quedé pensando que es cierto, que todos hoy vivimos con estrés. Pero eso no da permiso para desquitarse con los niños. Le dije: ¿por qué no lo tomas y le das un beso? Si le transmites tu cariño, ese niño será un bálsamo para tu estrés. Pero si lo tratas mal, eso sólo aumentará tu tensión.

Decirle esas palabras a la mujer la dejó tranquila por un rato. Pero luego se sintió culpable. Después de todo -reflexionó- , ni las madres, ni los padres, ni los profesores están preparados para cambiar el modelo de crianza que se ha impartido de generación en generación, donde el castigo y la imposición de disciplina parecen ser las únicas herramientas para imponer normas y límites a los niños.

– Hay una tendencia erróneamente implantada entre los adultos a disciplinar a los niños antes que educarlos emocionalmente, y esto tiene un tremendo impacto más adelante en su adolescencia y adultez, cuando salen y se enfrentan a la vida, en lo que se llama la “inteligencia emocional“.

Un niño sin educación emocional, dice, después se va a mostrar como un jefe descalificador, insolente, que no sabe escuchar y que no sabe comunicarse con sus subalternos; también tendrá problemas con su pareja y con sus cercanos. Será una persona llena de resentimientos, que no cree en sus capacidades y es dependiente emocionalmente.

– A los hijos no hay que educarlos para que se porten bien en el día y los dejen leer el diario; hay que educarlos para el futuro. Para que 20 años después puedan ser adultos educados emocionalmente. Hay un dicho muy bonito: los hijos son nuestro futuro, pero no es así. Nosotros somos el futuro de nuestros hijos, porque como los eduquemos hoy será cómo serán ellos en el futuro.